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1a Tertulia Literaria “La Poesía y la Gastronomía” con la Librería del Ermitaño

De Andrés Miguel Blumenbach

Muy cerca de la época en que los siglos y la vida promedian, las casonas con puerta cancel, aljibe profundo y arrabal arisco en Buenos Aires resguardarían las actas, ahora injustamente olvidadas, de la reseña literaria de un «Borges y Casares, autor», por cuya pluma quedaría la impronta de aquella «Leche cuajada de la Matrona». Si bien es cierto que los halcones del desierto (los árabes) y las arcanas tiendas israelitas profesarían una admirable dependencia al arte del verso, no es menos cierto observar que el alimento ha sido, desde Homero y su sello semidivino, sujeto de incontables historias populares. Recuérdese a propósito del acta bonaerense  la honorífica mención a Deuteronomio, 32:14, o aquella figura y tropo de David, donde la hermosa Sulamita (en cuya poesía labra Luis de León su ya conocidísimo poema) canta las mistéricas virtudes de aquella cuyos labios miel destilan pues «miel y leche hay debajo de tu lengua, y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano». (Cantares, 4:11).

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Así es como el concierto literario nos recuerda la constante nombradía del alimento, figurado o literal, no sólo de las cosas que a los hombres atañen sino al paso del tiempo por el que la historia nos recuerda identidad y miedo. En esas se nos va la vida cuando la Librería del Ermitaño, por cuyas semillas orientales y dátiles egipcios nos volvemos a los libros en San Pedro de los Pinos, nos extendió la invitación a recordar, en copiosos ejemplos del siglo anterior («la oda a la cebolla» de Neruda o el «soneto al vino» del mismo Borges), la naturaleza de los hechos por los que la poesía se ha vuelto un alimento para aquellos que pronunciaron sus delicadas letras y escucharon su exquisito ritmo en con-tertulia (a la mejor manera de Platón) en nuestro barrio, Libro-Club «Elena Garro» (Calle 2, No. 39, entre Avenida Revolución y Primero de Mayo) y que nos prodigaron no menos encanto y picardía que el de suyo arte abstracto y alegre de las letras. En suma, esto es un recordatorio de que no sólo de abstención y ardid se vive sino, como quería Cervantes, de panecillos y otros entremeses varios que se encuentran, ¡ay lector! en el querido cielo pero también en nuestra librería.

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