Libros / Tiempos convulsos para el mundo editorial

Manuel Gil E. | 13 MAY 16

  • La industria editorial es objetivo de una transformación sin igual en siglos

Foto: EFE
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El mundo del libro se enfrenta hoy a una transformación profunda. Una industria que no había asistido a cambios dramáticos en los últimos 200 años se encuentra ante la irrupción de un nuevo paradigma, producto combinado de internet y digitalización. Esto supone una fuerte disrupción. La industria ha perdido el monopolio de la tecnología, del formato, de la generación de contenidos, e incluso del precio, lo que lleva a pensar en una situación de cierta vulnerabilidad, apasionantemente incierta. Si no se parte de esta con-fluencia de pérdidas, es difícil entender cómo se están moviendo las ‘placas tectónicas’ de la industria.

El libro, al competir como producto de ocio, ha perdido gran parte de su capital simbólico, y frente a la competencia se encuentra abiertamente en desventaja, si pensamos en las series de televisión, los juegos móviles o las aplicaciones. Aceptar la idea de que las nuevas generaciones consumen contenidos desde sus dispositivos móviles lleva a concluir que el producto libro, tal y como lo conocemos hoy, comienza a estar en claro retroceso. Una reingeniería del sector debe ser abordada con prontitud, tanto por la propia industria como por los poderes públicos. Pero hay un elemento esperanzador: quizá nunca se ha leído tanto como ahora pese a que la calidad de lo que se consume sea, cuando menos, discutible. Este debe ser el punto de partida para rediseñar un ecosistema pensado al futuro.

 Lo que parece obvio es que, “en contenidos, todo lo que pueda ser digital será digital”. Pese a considerar que el debate papel versus digital es algo estéril, los formatos convivirán, y durante mucho tiempo. Numerosos contenidos están ya migrando a digital, y otros lo harán en breve, porque así lo determinan los nuevos hábitos de consumo; esto lleva a pensar que la lectura digital se acabará imponiendo sobre la lectura en papel. Es tanto un problema de tiempo como generacional que el libro digital se imponga sobre la edición en papel.

Por ello, la industria no debe cometer el error de levantar barreras para retrasar la irrupción del nuevo paradigma. Seguir pensando en pasados imperiales, en vez de comenzar a dibujar el futuro, es finiquitar el mismo y dejar en manos de potentes entramados mediáticos la generación de contenidos y la estructuración del mercado editorial global. En este punto, la confluencia entre lo privado y lo público parece el camino más recomendable para diseñar un horizonte de futuro.

El libro digital plantea una atractiva oportunidad a toda la edición de América Latina, pues abre una vía de esperanza en cuanto a visibilizar el contenido en todas las grandes redes y bibliotecas digitales del mundo. La posibilidad de llegar a mercados hasta ahora imposibles con el libro en papel es una realidad incuestionable. Si los átomos no pueden viajar, dejemos que los bits colonicen el mundo. Las asimetrías actuales de comercialización pueden ser minimizadas con potentes agregadores de contenido de las ediciones nacionales, y su posterior enlace con plataformas de otros países. El mundo digital para el libro latinoamericano es una enorme oportunidad que no debe ser desperdiciada. Entre el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad, confiemos en lo segundo en apoyo del libro y la lectura.

Nota tomada de sitio web El Tiempo

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