Matrimonios zombis: perfectos por fuera, muertos por dentro

Ana del Barrio | 14 MAR 16 | Madrid

  • ¿Pasas poco tiempo con tu pareja? ¿Apenas discutís?
Ilustración: ULISES CULEBRO
Ilustración: Ulises Culebro

Llegas a casa agotado tras una maratoniana jornada de trabajo. Mientras preparas la cena, a los pocos minutos aparece tu cónyuge. Intercambias un par de monosílabos antes de acostar a los niños. Carreras, protestas y la misma lucha diaria para arrastrarles hasta la cama. Sin fuerzas te tumbas en el sofá y te dispones a ver El príncipe.

Ya ni te molestas en hacer el paripé de preguntar cómo ha ido al día. ¿Para qué? En el fondo te importa un pimiento. Estás harto de escuchar las sempiternas peleas de tu mujer con la jefa y ella no quiere ni oír hablar de tus lamentos por la falta de promoción dentro de la empresa.

De cara a la galería, formáis una pareja perfecta. Animáis a vuestros hijos en los eventos deportivos, acudís de punta en blanco a todos los cumpleaños, no os perdéis las cenas de grupo y llenáis de emoticonos vuestros mensajes de WhatsApp. Pero puede que, sin saberlo, os hayáis convertido en un matrimonio zombi.

El término acuñado por el psicólogo británico, Andrew G. Marshall, describe a aquellas parejas sin grandes problemas, que se preocupan tanto de cuidar las apariencias que, al final, se convencen de que todo va bien. Ignoran las señales de alerta y deciden enterrar las dificultades en lugar de solucionarlas. Hasta que uno de los dos siente por dentro que hay algo muerto en la relación.

Pero, ¿qué es lo qué provoca que los cónyuges se conviertan en muertos vivientes? Curiosamente, uno de los principales inconvenientes de este tipo de parejas es que evitan los conflictos. A primera vista piensan que así están protegiendo su relación porque nadie quiere discutir pero, a la larga, les pasa factura.

«Cuando hay una diferencia de opiniones y uno de los dos se traga su orgullo, se calla y dice que todo va bien, no es un síntoma adecuado. Discutir es un buen signo porque quiere decir que la otra persona te importa. Cuando esquivas los problemas, también estás rehuyendo la posibilidad de resolverlos», explica Marshall, con 30 años de experiencia en terapia de pareja, durante una conversación telefónica con ZEN.

En resumen, pelearse es sano para la salud del matrimonio. Sin embargo, el problema es que no sabemos discutir. Por este motivo, Marshall recomienda que se aborde un único asunto en cada disputa: «Si empezamos peleando por la basura, pero al mismo tiempo discutimos sobre quién recoge a los niños o qué planes hay para el fin de semana, es imposible encontrar una solución», aconseja.


Uno de los principales contratiempos de estas parejas es que evitan los conflictos y no resuelven los problemas


Y también recomienda no descuidar los pequeños asuntos domésticos. En ocasiones, cuestiones sin importancia cómo a quién le toca sacar la basura pueden derivar en montañas de rencor si no se resuelven a tiempo.

El fenómeno de este tipo de parejas es creciente. De hecho, el libro de este psicólogo británico titulado Te quiero pero ya no estoy enamorado de ti se vende ahora como churros y ha sido traducido a 20 idiomas, aunque fue escrito hace ya 10 años.

Uno de los casos que llegó a la consulta de Marshall fue el de Martin, de 49 años, y su esposa Clare, de 41, casados desde hacía 15 años y con dos niños a punto de convertirse en adolescentes. Antes de recurrir a sus servicios, Clare le hizo a su marido una confesión similar al título del libro de Marshall: que le seguía queriendo, pero que ya no le amaba. Algo así como «hacemos un buen equipo juntos, pero la pasión se ha esfumado».

Martin se molestó bastante con la revelación de su esposa pero procuró mejorar: intentó llegar antes a casa, escuchar y dar prioridad a las tareas domésticas. No obstante, en poco tiempo las cosas volvieron a estar igual. El matrimonio entre Clare y Martin siguió adelante, aunque dormían en habitaciones separadas y él descubrió varios mensajes entre ella y otro hombre.

Fue entonces cuando Marshall se refirió a esta pareja como dos zombis que continuaban juntos, pero que no iban a ninguna parte. Lejos de molestarse, Martin encontró la definición tremendamente útil: «Cuando miro a mi alrededor, veo un montón de matrimonios zombis, en los que los esposos siguen juntos por los niños o porque tienen un acuerdo por el cual pueden ver a otras personas».


¿Pasas poco tiempo con tu pareja? ¿Apenas discutís? Lee esta noticia tal vez te hayas convertido en una pareja zombi.


Los síntomas que arrastran estas parejas son diversos. Tienen tiempo para la familia, pero nunca pasan momentos a solas y, si salen, siempre lo hacen en compañía de otras parejas. En muchas ocasiones, se aburren y si tienen relaciones sexuales se realizan de manera breve y rudimentaria.

Como en la película Maridos y mujeres de Woody Allen, son matrimonios que siempre hablan de los problemas de otros cónyuges para evitar dialogar sobre los suyos.

Cuando discuten, se gritan el uno al otro pero sin argumentos, o se muerden la lengua porque hay demasiados asuntos en los que no se ponen de acuerdo. Y, como último paso del guión, sencillamente dejan de discutir, ya que pasan el uno del otro.

Curar el mal de estas parejas zombis pasa por varias recetas: crear hábitos para permanecer más tiempo juntos; explicarle al otro lo que uno quiere en lugar de esperar a que le adivine la mente y practicar la empatía para ponerse en los zapatos del consorte.

Son las fórmulas que se repiten como un mantra en las terapias de pareja. Como asegura Helena Calvo, psicóloga y experta en relaciones sentimentales, muchos cónyuges acuden a estas consultas sin una voluntad real de arreglar la situación y con la mentalidad de «yo soy el que tiene razón y tú estás equivocado».

«El problema es que ahora no aguantamos nada. Tenemos una baja resistencia a la frustración. Nos comunicamos más, pero cada vez peor y nos es más fácil encontrar la diversión fuera de casa que dentro», explica Calvo.

Aunque siempre ha habido mucho pudor con estos asuntos, cada vez son más las parejas que se animan a acudir juntos a terapia. «Ahora hay más infidelidades que nunca y estamos viendo un aumento de problemas con las familias políticas. Al final, nos quejamos mucho, pero no buscamos las soluciones adecuadas», añade.

La falta de diálogo aparece siempre como una de las principales causas en las separaciones en España, donde la duración media de un matrimonio es de 15 años. Hablar es, por tanto, el mejor tratamiento. Y es que «lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia», concluye Marshall.

Nota tomada de sitio web El Mundo

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