Archivo de la etiqueta: Ediciones del Ermitaño

Librero rima con cantinero

Por Redacción | 08.11.16

En el mundo hay oficios que se parecen, pues comparten similitudes en dinámicas, perfiles e incluso estética. La vida de un taxista y de un camionero son similares por su dinámica laboral y porque comparten objetivos: trasladar algo o a alguien de un punto A a un punto B; un tatuador y un pintor, por su parte, se asemejan en la medida en que ambos tienden a embellecer (o no) el lienzo que tienen frente a sí; en este sentido, la vida de un librero y un cantinero son extrañamente muy afines.

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Sobre cómo perdimos unos pesos, pero ganamos una lectora. Una reflexión en la FIL Zócalo 2016

Por Redacción | 26.10.16

“¡Deja eso ahí! ¡No los toques! ¡No son para que los toques!”, fue el grito de una madre a su hija cuando la niña intentó acercarse a uno de nuestros libros de literatura infantil durante la pasada Feria Internacional del Libro Zócalo 2016. A quienes presenciamos el regaño nos sorprendió totalmente, pues dicho reclamo no tenía cabida en una fiesta como aquella, cuya dinámica, precisamente, es para propiciar el acercamiento del lector al libro. La intimidad que puede llegar a establecerse entre ellos pasa forzosamente por los sentidos.

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Expo Venta de Encuadernación y Caligrafía 2016

14.08.16 | Publicación tomada del FB del Alejandro Zenker

 

Regresamos muy contentos de la Expo Venta de Encuadernación y Caligrafía, donde saludamos a muchísimos amigos muy queridos del medio. Llevamos cien paletas heladas de regalo para refrescarlos y volaron de inmediato porque hacía mucho calor. Es maravilloso ver la labor de todos estos jóvenes artesanos. Admiramos libretas maravillosamente encuadernadas en piel y en papeles pintados a mano, herramientas de encuadernación, entre las que destacan las que fabrica Alan Tarsia, plegadoras de hueso, metal y teflón, martillos, cuchillas, tijeras, cabezada, aretes y collares con minilibros, en fin, fue un paraíso para los amantes del libro y del papel. Noemí compró las cosas que le hacían falta para las libretas que está encuadernando con pasión tras haber participado ya en dos talleres que ha impartido Germán Sánchez en Ediciones del Ermitaño. Hablé largo con Martín Farfán, que me invitó a visitar su taller, y también con Antonio Guerra, con quien quiero hacer unos libros de artista y con Leonardo, que me presentó a sus papás. A Raúl Díaz le compré una litografía de un taller de encuadernación artesanal que me recordó mi niñez. En fin, imposible mencionarlos a todos, pero en las fotos y en el video podrán conocerlos. Grandes amigos, enormes seres humanos que queremos y admiramos y de los que Noemí y yo estamos muy orgullosos.

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Heroicas librerías

Ángel Vivas | 08 DIC 2015

  • Durante los años del plomo franquista, vender libros era una forma de disidencia implícita. Por eso, cuando el sistema se supo débil, su rabia cayó sobre las Alberti, Tarántula y Lagun. El último libro de Manuel Rivas recupera su historia.
La librería La Poesía | Xosé Castro
La librería La Poesía | Xosé Castro

“¿Cuándo se jodió la Transición?”. Manuel Rivas rehace la clásica pregunta de Zavala y le da una respuesta concreta: “Cuando José Martínez, el editor de Ruedo Ibérico, que fue la bestia negra del franquismo, murió olvidado y abandonado”. Rivas acaba de publicar El último día de Terranova (Alfaguara), novela que trata de muchas cosas, pero insiste en la amputación de la cultura, en la persecución de libros y librerías por las dictaduras, en el modo azaroso y arriesgado en que llegaban a España muchos libros prohibidos, y en el espacio acogedor, de refugio y de resistencia a la vez, que fueron muchas librerías -como la Terranova del título- durante el franquismo.

La resistencia solía empezar ya desde los nombres. Algunas (Antonio Machado, Rafael Alberti) homenajeaban a autores non gratos para el franquismo. Otras le buscaban un sentido positivo a animales rechazados: Tarántula o La Oveja Negra…

Con toda coherencia, la nueva novela de Manuel Rivas se presenta hoy en una de las librerías ya citadas, que fue también una de las más castigadas en los años duros de la Transición, la Rafael Alberti. La Alberti, más joven que las otras, está tan íntimamente ligada al posfranquismo que se inauguró en los días de noviembre de 1975 en que moría el dictador. una leyenda urbana quiere que fuera el mismo 20-N, pero, en realidad, fue algo antes.

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Clientes, pero sobre todo amigos

Domingo 30 de enero 2016 | NATÀLIA FARRÉ

BARCELONA

La librería Nollegiu de Poblenou cambia de local con la ayuda de sus parroquianos

Agitador. Xavier Vidal se define como un librero agitador. Vistos los hechos a agitador no le gana nadie. A librero, pocos. Ayer, domingo por la mañana, día de paseo y vermut, consiguió lo que en un país donde en teoría se lee poco (él lo niega) es casi una utopía:movilizar a un centenar de personas por amor a los libros.Y consiguió lo imposible: que el encuentro, altruista, por supuesto, fuera para realizar un traslado. Actividad que no suele ser plato de gusto de nadie y a la que solo se consigue arrastrar a los amigos, a los de verdad. Así que los que ayer le ayudaron son incondicionales. Incondicionales de la Nollegiu, la librería que Vidal abrió hace dos años en el Poblenou y que ha conquistado tanto al vecindario que ha quedado pequeña.

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Tecnología | EFE, 15 enero 2016

Los expertos descubrieron que la poesía “es más útil que los libros de autoayuda” , ya que afecta al hemisferio derecho del cerebro, donde se almacenan los recuerdos autobiográficos, y ayuda a reflexionar sobre ellos y entenderlos desde otra perspectiva.

Leer a autores clásicos, como Shakespeare, Wordsworth o T.S. Eliot, estimula la mente y la poesía puede ser más beneficiosa en terapias que los libros de autoayuda, según un estudio de la Universidad inglesa de Liverpool publicado hoy.

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CARRION

En defensa de las librerías

Cada vez que se cierra un bar se pierden para siempre cien canciones”. Así comenzaba el conocido vídeo de la campaña “Benditos bares”, que lanzó Coca-Cola España en 2014. La pieza apelaba a las emociones y estaba diseñada para ser viral. Aquel año, por primera vez durante la crisis, se abrieron más bares de los que se cerraron. ¿Por qué no ha existido una iniciativa parecida por parte de Planeta, RBA o Penguin Random House? ¿Por qué la industria del libro no ha apostado por una defensa de las librerías como templos emocionales de los lectores? Amazon.es sigue sin dar cifras de sus ventas. En ellas, supongo, está una de las razones de por qué no ha existido la campaña “Benditas librerías”.

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Hugo Gutiérrez Vega y la persona del poeta

El problema de la “tonalidad” aquejó durante mucho tiempo a los poetas mexicanos modernos, acaso desde que, a principios del siglo XX, el dominicano Pedro Henríquez Ureña dictaminó que, dado el toque crespuscular que en ella dominaba, la poesía mexicana tendría que definirse como una “poesía de tonos suaves, de emociones discretas.” El suyo sería, en todo momento, un modesto tono menor al que le vendrían bien el color gris y las atmósferas melancólicas. Aunque es cierto que la preponderancia, primero de Pellicer, “el poeta del sol”, y luego de Paz en la cultura mexicana de los últimos cincuenta años parecería haber vuelto obsoleta la idea de Henríquez Ureña, de tarde en tarde el asunto del “tono menor” dizque característico de nuestros bardos parece regresar por sus fueros. Un poema de Hugo Gutiérrez Vega en el que este “contesta” una observación de su amigo el editor y también poeta Alí Chumacero, que lo instaba a incorporar en sus versos un “tono mayor”, podría servir de ejemplo para ilustrar este intermitente retorno. Escribiendo desde la “sombra sarcástica”, y rodeado como lo está de seres “coludos, cornudos y variopintos”, a pesar de que intenta aclararse la garganta, Gutiérrez Vega confiesa que no alcanza a lograrlo: “Lo intento y se me cae,/ me gana la risa/ y la autocompasión lo gana todo,/ pues es una oronda señora/ de narices violáceas/ y enorme culo morado.” Este escarnio del pretendido tono mayorimpone, tal como se ve, un exabrupto, una “salida de tono” que me parece más que sintomática. En efecto, ¿cómo sabe el poeta que la señora gorda del tono mayortiene un enorme culo morado, que acaso no es sólo poco atractivo, sino repugnante? ¿O es que la susodicha se pasea “en cueros” delante del poeta y deja que éste la inspeccione? El exabrupto me interesa porque saca a la luz un rasgo de veracidad que estriba en lo siguiente: no hay “compasión” ante el objeto externo, en este caso un objeto denigrado; lo que hay es autocompasión, lo que quiere decir que también el poeta mismo se encuentra inmerso en el ridículo.

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El libro y las librerías en la ruta de las nuevas tecnologías…

Nuevas opciones para la transformación del librero en editor

Por Alejandro Zenker

Las nuevas tecnologías han transformado el mundo del libro y están incidiendo notablemente en los hábitos de lectura. Las librerías han ido perdiendo terreno en medio de una población cuyos hábitos de lectura no mejoran pese a los esfuerzos que se despliegan, y que a todas luces son insuficientes o inadecuados. Sin embargo, las librerías podrían encontrar en las nuevas tecnologías aliados importantes y oportunidades insospechadas. No sólo porque pueden incorporarlas como una opción más en sus locales, sino porque las nuevas tecnologías abren al librero, que puede convertir su librería en un centro cultural, la posibilidad de convertirse en editor que satisfaga las necesidades lectoras de su comunidad y promueva el ejercicio de la escritura.

Hasta ahora he abordado el tema sobre el libro y las nuevas tecnologías ante un público preponderantemente editor. Si hoy me atrevo a hacerlo ante un público constituido por libreros es porque creo que es importante comprender de qué manera poco a poco las nuevas tecnologías van afectando toda la cadena que lleva la palabra del autor al lector. Como muchos de ustedes veo con fascinación los libros. Las paredes de mi casa, de mi oficina, están cubiertas por libros. Mi padre fue encuadernador, nacido en el siglo antepasado, ávido lector y restaurador de libros. Yo crecí entre pliegos que eran cosidos a mano, rodeado de piel, keratol, cartón, de las guardas entintadas a mano, viendo cómo disponían el nervio en el lomo del libro encuadernado a media piel, del olor a pegamentos con nombre alburero, como la cola blanca, la cola negra y el engrudo. En fin, en un mundo que ha ido desapareciendo poco a poco. Quizás es la misma nostalgia de algún lector hipotético que tuvo oportunidad de ver la transición entre los miles de rollos de la biblioteca de Alejandría y los libros de Gutenberg, de quien vivió la transición entre la lectura en voz alta y su evolución hacia la lectura en silencio, de quién usó una máquina de escribir Remington y descubre que hoy, si no entrega uno un archivo electrónico, no hay quien lo pele. Pero no se trata esto de un ejercicio nostálgico, sino de un esfuerzo por comprender la realidad rápidamente cambiante en la que estamos inmersos, y cuya asimilación puede significar la diferencia entre seguir siendo lo que somos, o cambiar de oficio.

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Primer Aniversario de la Librería del Ermitaño

Por Alejandro Zenker | 25 agosto 2015

Acompáñanos este 29 de agosto a festejar el Primer Aniversario de la Librería del Ermitaño, librería de barrio, independiente, impulsada por nuestra casa editorial, con ya más de treinta años de trayectoria tanto editora como librera.

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La Librería del Ermitaño es una nueva apuesta de Solar/Ediciones del Ermitaño para la creación de nuevos paradigmas para hacer llegar libros y cultura a la población. Se trata de la creación de un modelo de librería de barrio sustentable, encapsulable y replicable que busca romper la aparente fatalidad a la que se enfrentan quienes hoy en día seguimos empeñados en llevar el libro y la lectura a los lectores y a incentivar a acercarse a ella a quienes aún no lo son.

El ejercicio librero de Ediciones del Ermitaño, empresa fundada en 1984 que, a la postre, se fusionó con Solar, Servicios Editoriales, tiene una larga trayectoria. Fuera del ámbito de quienes ejercemos la edición independiente, cualquiera podría suponer que hoy habría que entender por «librería» un espacio abierto en el sentido tradicional del concepto. Sin embargo, las librerías tradicionales han ido cerrando, o al menos reduciendo sus espacios a lo largo de los años, destinándolos comprensiblemente a los catálogos más vendibles, comerciales. Vivimos, o sufrimos, lo que hemos llamado la bibliopobreza librera que, junto con las grandes editoriales, apostaba a los bestsellers, lo que dio lugar a lo que hemos llamado «bestsellerización» del mercado.

Ediciones del Ermitaño, por el contrario, apostó desde 1994 a la bibliodiversidad con la creación de un catálogo creciente —basado inicialmente en el uso de las nuevas tecnologías de esos entonces que permitían la publicación de libros en tirajes cortos haciendo uso de la impresión digital— que ha buscado generar nuevas opciones para los lectores. Al ser una editorial especializada en literatura, su catálogo no envejece con la rapidez con que lo hacen otros géneros, lo que lo hace teóricamente perenne. Sin embargo, si el mercado, si las librerías tradicionalmente están enfocadas a nuevos lanzamientos, a novedades, ¿qué haces con tus «longsellers», es decir, con prácticamente todo tu catálogo? La respuesta de los editores independientes ha sido buscar otras formas de comercializar los libros. No pocos son los que salen a la calle a leer en voz alta sus libros, a ofrecerlos a los transeúntes casuales. Menos los que, sin renunciar a buscar espacios en las librerías, vamos a ferias y nos lanzamos a la búsqueda de lectores haciendo uso de cuanto recurso encontramos, incluyendo las redes sociales.

Ediciones del Ermitaño ha hecho todo eso y más. Desde 1995 nos convertimos en una librería que ofrecía todo su catálogo en nuestras mismas oficinas. Conforme avanzaron las tecnologías, subimos nuestro catálogo a Internet y exploramos el binomio librería física, librería virtual. Pero no fue sino hasta 2014 que pudimos transformar nuestra página web en una librería virtual en la que se puede adquirir en línea todo nuestro catálogo vivo.

Sin embargo, lo que deseábamos era encontrar la manera de ofrecer también los catálogos de muchas otras editoriales independientes. Ya desde hace unos diez años estuvimos en conversaciones con miras a crear una librería que pudiera ofrecer nuestros catálogos. Los obstáculos financieros nos impidieron concretar el proyecto. Sin embargo, a lo largo de estos años, y particularmente a raíz de las discusiones que sostuvimos en el marco del grupo la Tertulia Editorial, profundizamos en el análisis del problema de la distribución y venta en nuestro país. Sabrosas discusiones que sostuvimos con libreros amigos, particularmente de Librerías Gandhi, nos llevaron a concebir nuevas posibilidades.

Porque partíamos ya de la fatalidad: las librerías estaban condenadas a desaparecer ante el surgimiento de opciones apabullantes, como Amazon. Pero nos encontramos en una época de transición, en la que aún predominan tanto los lectores predigitales como los inmigrantes digitales y en la que aún muchos de éstos jóvenes lectores alternan entre el soporte papel y el electrónico. ¿Habría lugar para propuestas alternativas?

Si Ediciones del Ermitaño ha sido a lo largo de dos tercios de su vida editor-librero—librero-editor, ¿qué nos faltaba explorar?

Vincular todos los elementos propios de esta época de transición.

Sacar la librería de nuestras instalaciones y abrirnos a catálogos de otras editoriales afines.

Lanzarnos a una nueva aventura reimaginando, reinventando el concepto: La Librería del Ermitaño.

Es decir, después de casi veinte años de labor librera independiente, en que exploramos todas las alternativas existentes, aterrizamos un proyecto de librería de barrio con miras a fortalecer el quehacer librero en toda la República.

Somos parte de la Alianza Internacional de Editores Independientes (AIEI) y, por tanto, de la RedH (Red Hispanohablante). Bregamos por la libertad de expresión y por la Bibliodiversidad. Y compartimos con todos ustedes la dicha de este primer aniversario de nuestra primera librería abierta al público. Librería independiente, librería de barrio, Librería del Ermitaño.

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