Archivo de la etiqueta: Gustavo Sainz

Gustavo Sainz (+)

3 de julio 2015 | Por Benjamin Ayala González

La pérdida de Gustavo Sainz no empezó el día de su muerte (ocurrida el viernes pasado, pero dada hoy a conocer en México por El Universal, citando el Herald Times de Bloomington, ciudad donde dio clases por 19 años, en la Universidad de Indiana). Esa pérdida, en vida, ocurrió cuando fue obligado a desterrarse, al auto exilio, por el episodio de la «gran puta», la cougar (no «primera dama») que originó el Cervantino, y la correspondiente crónica que fuese publicada en la revista de Bellas Artes, de donde fue fulminantemente despedido por J.J. Bremer y el mismísimo Sansho Montenegro.

La partida de Gustavo Sainz trasciende la estrechez de la apreciación de su obra por parte de la crítica, que desde mi punto de vista, nunca superó a la erudición de Gustavo. Una erudición no sólo documentadísima, de lector crítico, de literato en el sentido clásico, sino de visionario, descubridor, open minded. No sólo fue un gran lector, sino un gran editor, un formador de escritores y un excelente consejero-amigo. Y si Obsesivos días circulares, Compadre Lobo y La princesa del Palacio de Hierro aparecen como sus grandes novelas, Gazapo es Gazapo y tengo la primer edición aquí, entre mis tesoros, con un Menelao jocosísimo.

Sus libros largamente descatalogados, constantemente embodegados, no merecían tal suerte. Y le buscó por todos lados para que se reeditaran, algo que afortunadamente ocurrió en sus años finales gracias a los buenos oficios de Alejandro Zenker y Ediciones El Ermitaño. Ojalá se lean nuevamente con asiduidad. Antes de pasar a los fuegos de artificio y el copiadero de Bukowski, sería bueno que se releyera una pluma disciplinada y propositiva, desprejuiciada y fina como la de Sainz.

Conviví con él muchas veces, por fortuna; pude editarle una novela a cuatro manos: «A rienda suelta» con Alma Lilia Joyner Vázquez, que han leído muchísimos de mis alumnos de Bellas Artes y de Chicago. La vez que asistió como padrino de mi Feria del Libro Mexicano y Latino en Chicago en 2008 (14 al 17 de mayo), llegó con su novia Laura en tren desde Bloomington y aceptó gustosísimo que le regaláramos libros que él mismo escogió ad libitum, como debía ser, unas 30 «joyitas», como les llamó. Aquí pongo unas fotos rodeado de jovencitas ardientes, como esa novela, a quienes tenía extasiadas en su lectura, y de su participación en la Feria, en la Universidad de Illinois en Chicago.

Platicamos muchísimo de blues (aparece en las fotos con José Luis García Ledesma de Follaje Blues Band, con quien también presentamos en esa feria «El camino triste de una música: El blues en México y otros textos de blues»); de jazz, de música clásica, y claro, de su queridísimo amigo Pepe (José Agustín), otro de mis padrinos (quien escribió el prólogo de mi primer libro y de ese libro de blues también), y que lidera el linaje de la exquisitez roquero-literaria a la que sé que pertenecemos con Andrés RamírezJesus Ramirez-Bermudez, y el inatrapable Bill Blaky.

Con Sainz, en sus visitas a México en las que estuvo presente la editora Orfa Alarcón platicamos de Revueltas, Arreola, Benítez, Fuentes, Elena Garro, Inés Arredondo, obviamente del cerrojo que Paz le impuso. Sin chismes, como era él, conciso, preciso y macizo. Aunque el proyecto de reeditar todas sus novelas no pudo concretarse con nosotros (Ediciones La Cuadrilla de la Langosta –salvo “A rienda suelta”), afortunada y dignamente sí con Alejandro Zenker. Y pese a que lo estuve buscando muchísimo (para asistir a LéaLA 2015 como autor invitado por la CDMX), ya no pude volverme a reunir con él jamás, algo que lamento muchísimo. No lo encontré por ningún lado…

Si bien Coahuila ha sido un estado de gobernadores corruptísimos, su biblioteca de más de 75 mil libros, 15 mil películas de arte y 30 pinturas, generosamente donadas en vida por Sainz a ese estado, no pudo ser albergada en ningún lugar («por falta de recursos»), y seguramente en Bloomington habrá que visitarla.

Gracias, Gustavo Sainz. Sí, ahí están tus libros, pero le hiciste falta a este país por mucho tiempo…

ben1 ben2 ben3 ben4 ben5 ben6 ben7 ben8 ben9 ben10 ben11 ben12

Esta entrada fue originalmente publicada en el muro de Facebook de Benjamin Ayala González.

 

 

 

Gustavo Sainz y yo

sainz

Por Josefina Estrada

Gustavo Sainz ha declarado que desde que era adolescente tenía una fe ciega en la belleza, generosidad, solidaridad, comprensión, tolerancia y en la sonrisa. Cualidades que describen cabalmente su personalidad, la cual también permeó su desempeño como directivo. Tal como se perciben en las actividades que voy a intentar desarrollar mediante diversas anécdotas. Sainz ocupó la Dirección de Literatura del INBA cuatro años, de 1977 a 1981, en el sexenio de José López Portillo. Porfirio Muñoz Ledo, Secretario de Educación Pública, le hizo la propuesta.

Yo tenía 20 años cuando conocí a Sáinz, en su salón de clases de la antigua Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM, cuando cursé la materia de Literatura y Sociedad, donde leíamos a autores mexicanos, con su obra más reciente. Nos llevaba los libros al salón, los cuales él adquiría directamente de la editorial, y nos los vendía con un sustantivo descuento. Nos hizo leer Terra Nostra, de Carlos Fuentes; Recuento de poemas, de Sabines; Las muertas, de Ibargüengoitia; El gobierno del cuerpo, de Garibay…, entre otros. Y en cada clase nos comentaba las actividades que estaba realizando en la dirección a su cargo.

Un día tomé la decisión de abandonar la Universidad porque era urgente aportar recursos a mi numerosa y pobre familia. Deprimida, entré a su clase, la que pensé sería la última. Cuando la cátedra de Sáinz terminó, me dije: «Si dejas la escuela siempre serás una burra. Mira, todo lo que acabas de aprender. Mejor levántate y pídele trabajo». Ruborizada, le solicité empleo. Me respondió que le diera una semana para que él pensara en qué podía colaborar. Así lo hice, pero cuando venció el plazo, él ya no recordaba mi petición. Sin embargo, me pidió que fuera al día siguiente a visitarlo a la calle de Dolores, segundo piso.

Sigue leyendo

Raúl Godínez sobre Gustavo Sainz

Conocí a Gustavo Sainz hace mil años. Me lo presentó Oscar De La Borbolla. Lo conocí primero como editor: tuve el alto honor de publicar tres libros de él, uno de ellos sus memorias que escribió a cuatro manos con Eduardo Mejía, “El juego de las sensaciones elementales”. Después me tocó en suerte entrevistarlo y conversamos sobre muchas de sus facetas: promotor cultural, editor, profesor universitario. Casualmente no hablamos sobre lo que siempre le inquirían. La Onda y los motivos de su salida de la Dirección de Literatura del INBA y de México. Esa entrevista se compila ahora en mi nuevo libro: “Desde el corazón de las palabras”, editado por Ediciones Felou. Finalmente, nos reuníamos cada año en Guadalajara, en el marco de la FIL, donde charlábamos largo y tendido. Él venía de E.U. cargado de proyectos, de camaradería y entusiasmo. Hace meses supe de su progresiva enfermedad y le mandaba correos que él ya no estaba en condiciones de responder. Un último correo de una bella amiga en común me informó de su deceso antes de que se anunciara su muerte por los medios de comunicación en México. No tuve el valor de responder ese correo. Me dolió mucho, por ser un autor cuyos libros circulan poco actualmente, salvo el grandísimo trabajo que hace Librería del Ermitaño y Alejandro Zenker, al publicar el grueso de su obra, y el libro que edita aún Andrés Ramírez. Pese a ello, considero, debería ser un autor mucho más difundido, primero por la calidad de sus novelas, altamente experimentales y luego porque fue una pieza clave en el trabajo cultural de hace una décadas. En fin, que se le extrañará enormemente al Compadre Lobo. Colocó aquí las fotos que le tomó mi amigo Carlos H. Castillo Villarreal, para ilustrar sus memorias. Un abrazo fraterno.

 

raul gustavo1raul gustavo 2

 

*Entrada tomada del muro de Facebook de Raúl Padilla.

 

Banner Gustavo-01

Alejandro Zenker sobre Gustavo Sainz

En estos días posteriores a que se diera a conocer la muerte de Gustavo Sainz han fluido los testimonios de quienes lo trataron en sus épocas de gloria, antes de que él se fuera a vivir a Estados Unidos. Lo que muy pocos conocen son los pormenores de su vida personal, académica y literaria posterior. Algunos tuvimos el privilegio de convivir con él en mayor o menor medida en esa época en que ya radicaba en Indiana. En mi caso, fue hace unos quince años que me reencontré con él en la FIL de Guadalajara.

Cuando Gustavo impulsó no sólo su obra novelística innovadora por la que es tan conocido, sino infinidad de proyectos de gran envergadura, México era otro. De ese Gustavo en ese otro México nos han escrito ya Josefina Estrada, Benjamín Anaya, René Avilés, Raúl Godinez y otros, aunque no tantos como deberían. Los que conocimos sus tiempos cercanos, los últimos años, hemos callado. Quizás porque esa cercanía hace que lo veamos como alguien que siempre estuvo y que nunca debería faltar, o porque ver sus fotos, pensar su presencia, nos hace recordar su inimaginable ausencia.

az gustavo sainz

Sigue leyendo

astillero

Podría empezar así por Gustavo Sainz

Por Roberto Carson, alumno del Taller de Narrativa que se imparte en Librería El Astillero

PODRÍA EMPEZAR ASÍ: conmigo en una transacción de libros viejos bajo el techo de una escuela de idiomas. Los otros se apoderan de los best-sellers y las series de Harry Potter y Luis Spota. La caja se torna vacía y me siento en la taza del baño a leer. Recuerdo que tenía una cita con una chica mayor que me invitó a ver Volver al Futuro 2, cómo si eso fuera a pasar en realidad, pero me quedé leyendo y sin darme cuenta pasaron extrañas horas. En una versión alterna de mi vida, me fui a otra ciudad y en mi segunda casa clavé en la pared la contraportada de Obsesivos días circulares para no olvidarme de escribir y también de salir con chicas. Desde el epígrafe (que es una nota sobre epígrafes), me di cuenta que estaba por enredarme en una novela de lenguaje experimental que te arroja en turbulentos pasajes eróticos y remolinos de confusión. Pero al final, entiendes todo y si no empiezas otra vez. ¿Qué podrías esperar de un libro que trae una explicación de un profesor gringo al final? Entendí que tu onda ya no era onda cuando era la onda porque cambiaron la onda y la onda de la onda te pareció muy mala onda. Y ya no te pasará a ti.

 O PODRÍA EMPEZAR ASÍ: con una larga explicación de lo que es el flujo de conciencia que plaga tus libros, que a veces parecen collages de momentos y despertares; y en ocasiones son simplemente diarios sobre despertares y momentos. Sin orden ni restricción aparente.

Y PODRÍA CONTINUAR ASÍ: conmigo años después, inmerso en la semi oscuridad de un sótano repleto de libros viejos. Siempre junto a José Agustín y a metros de los clones de Luis Spota. Sabía que eras joven cuando empezaste a escribir y tu primera novela fue una manera de narrar sobre cómo querías comenzar una novela. Afirmaste que te salía espuma y luego se editó Muchacho en llamas, que empezaste con más epígrafes y un rezo a las montañas y a los dioses aztecas del erotismo y el fuego. Te ahorraste (sólo un poco) los enredos narrativos pero aun así incluiste los tríos amorosos que desde Gazapo andabas tejiendo. Luego me di cuenta que la copia que había adquirido traía un autógrafo para una Leticia, quien se topó contigo en el 92. En ese año, yo aún no sabía leer y mi onda era aprender a sentarme en el baño sin ningún libro.

podria empezar asi

Sigue leyendo

confabulario

Gazapo y Muchacho en llamas: un juego de espejos

Por Guillermo Vega Zaragoza

Una de las primeras reseñas que me atreví a escribir y publicar fue la de Muchacho en llamas, de Gustavo Sainz, cuando apareció el libro a finales de 1987 en el suplemento cultural sábado del diario unomásuno. Debo confesar que entonces no había leído Gazapo, aunque sabía que todo mundo la consideraba una gran novela. Pero me sentí obligado a leerla porque quería saber cuál había sido el origen de Muchacho en llamas, aunque luego surgió la pregunta: ¿Gazapo produjo Muchacho en llamas, o había sido al revés?

 Como se sabe, Gazapo apareció en 1965 publicada por Joaquín Mortiz en su entonces prestigiada Serie del Volador, una de las colecciones más codiciadas, ya que el autor que era incluido en ella de inmediato se consagraba. Y Sainz publicó su primera novela ahí. Gazapo, junto con La tumba, de José Agustín, causó conmoción en el medio literario de entonces fundamentalmente por tres aspectos: 1) el tema juvenil, que contaba las aventuras cotidianas de un grupo de adolescentes de la Ciudad de México (Menelao, Vulbo, Gisela, Bikina, Mauricio, Jacobo y Nácar, adolescentes que viven en las colonias Del Valle y Narvarte); 2) el lenguaje, propio de los jóvenes de la época, salpicado de modismos, coloquialismos y anglicismos, y 3) los recursos narrativos utilizados —influidos por la nueva novelística francesa y norteamericana, sobre todo—, que rompen con la linealidad y tienden a la fragmentación de voces, tiempos y espacios.

Gustavo-Sain-704x400

Sigue leyendo